Según estudios efectuados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mueren aproximadamente dos millones de personas por año a causa de enfermedades relacionadas con el trabajo o por accidentes laborales. Aparte de las consecuencias en términos de vidas humanas, esto significa un costo del 4% del producto bruto interno anual mundial que se deriva de gastos directos de los accidentes y enfermedades así como de indemnizaciones y ausentismo.
Ahora bien, los riesgos laborales pueden ser clasificados por tipos; de esta manera encontramos los biológicos, químicos, físicos, ergonómicos, psicosociales y por qué no mentales.
Entre los riesgos biológicos más comunes se ubican la hepatitis B y C, el HIV (sector salud), la tuberculosis y enfermedades de tipo respiratorio (sector educación). Los riesgos físicos pueden ser ostemioarticulares (contracturas, tendinitis, dolores de espalda, etc.), radiaciones ionizantes, etc.; en cuanto a los riesgos ergonómicos, éstos están mayormente relacionados al trabajo que implique carga física mientras que los riesgos químicos pueden ser de carácter anestésico, antiséptico o citostáticos.
Los riesgos psicosociales, muchas veces no reconocidos, tienen gran peso en lo que hace a las distintas organizaciones del trabajo y a las lógicas institucionales que en oportunidades opera en detrimento de las capacidades personales y de los tiempos subjetivos. Uno de los sectores que registra mayor causa de ausentismo debido a la carga psíquica que implica el trabajar con personas enfermas se detecta en el sector de la salud. Entre las patologías más frecuentes y difíciles de detectar está el burn-out.
Todos estos factores de riesgo pueden ser prevenibles cuando no atenuados por medidas específicas que las instituciones y las personas pueden poner en práctica. Tal vez no sea sólo una cuestión de diferenciar los riesgos por tipos, sino por la relación que cada persona establece con el trabajo, la capacidad que tenga para regular su entrega, comprometerse, disfrutar y protegerse exigiendo medidas de seguridad y sanidad adecuadas a las tareas que le competen.
El trabajo de los maestros y su salud
Muchas veces se asocian los riesgos laborales al desempeño de tareas que impliquen el uso de fuerza física o la exposición a productos químicos o la manipulación de energía eléctrica, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, estar al frente de una clase de niños, adolescentes o adultos puede ser tan nocivo para la salud como recoger basura sin utilizar mascarillas.
Las maestras y maestros sufren en gran medida de disfonía, gastritis, enfermedades de la columna y respiratorias y la cistitis.
Gran parte de estas enfermedades pueden estar relacionadas con los lugares de trabajo, en especial con aspectos locativos. En este sentido, la falta de un buen aislamiento acústico colabora con la disfonía así como el tipo de sillas con los problemas de columna.
Gran parte de estas enfermedades pueden estar relacionadas con los lugares de trabajo, en especial con aspectos locativos. En este sentido, la falta de un buen aislamiento acústico colabora con la disfonía así como el tipo de sillas con los problemas de columna.
También se registran entre los docentes malestares muy comunes que causan además del displacer propio del sufrimiento, ausentismo. Entre estos se encuentran los dolores de espalda, angustia, dificultades para concentrarse y dificultades para dormir.
Una de las posibles causas de estas molestias puede encontrarse en factores psicológicos inherente a una tarea que va más allá de la educación, ya que todos estos factores enumerados pueden verse como parte de la sintomatología del burn out.
Una de las posibles causas de estas molestias puede encontrarse en factores psicológicos inherente a una tarea que va más allá de la educación, ya que todos estos factores enumerados pueden verse como parte de la sintomatología del burn out.
No son pocos los maestros que se ven desbordados por las problemáticas afectivas de los alumnos y que no siempre cuentan en los lugares de trabajo un psicólogo o al menos otro técnico en el que apoyarse. El hostigamiento escolar, la falta de límites y las problemáticas tocantes a los nuevos modelos de familia son elementos que se encuentran presente en el día a día de los maestros.
En este sentido, no son pocos los maestros y maestras que consumen psicofármacos, en especial barbitúricos.
La formación contínua, la división de tareas y las reuniones docentes donde se colectivicen problemáticas para su resolución, tal vez sean factores que protejan a los maestros de los riesgos que los atraviesan en sus trabajos.
La formación contínua, la división de tareas y las reuniones docentes donde se colectivicen problemáticas para su resolución, tal vez sean factores que protejan a los maestros de los riesgos que los atraviesan en sus trabajos.
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